fbpx

ESDEIC

Dos estudiantes de gastronomía de ESDEIC posan en una cocina profesional, reflejando compañerismo y pasión culinaria. Acompañados del lema 'Sazonando en consciencia' y la imagen de un docente.

La gran pastelería está distorsionada: el azúcar y los colorantes vencieron a la técnica

Hoy en día, cuando pensamos en pastelería, lo primero que nos viene a la mente son postres brillantes, perfectamente simétricos y con colores intensos que inundan redes sociales como Instagram y TikTok. Parece que la meta ya no es hacer un postre bien elaborado, sino que se vea impactante en una foto o en un video de 15 segundos. Pero, ¿en qué momento la pastelería dejó de ser una expresión de técnica, cultura y pasión para convertirse en un espectáculo visual sin fondo?

La pastelería ha evolucionado, eso es innegable. Pero no siempre en la dirección correcta. Hoy en día, muchos pasteles son más un ejercicio de mercadotecnia que de habilidad. Se han convertido en productos ultra procesados donde lo que importa es que el color sea llamativo, la forma perfecta y el sabor… bueno, muchas veces pasa a segundo plano. El exceso de azúcar, colorantes artificiales y productos premezclados ha desplazado a técnicas que tardaron siglos en perfeccionarse. ¿Cuántas personas saben hoy en día preparar una crema pastelera perfecta, sin grumos, sin atajos? ¿Cuántos pasteleros jóvenes pueden hacer un hojaldre desde cero sin comprarlo congelado? Cada vez son menos. Y lo peor es que, al haber menos conocimiento, se normaliza lo fácil. No se trata de decir que todo lo moderno es malo, sino de entender que la pastelería no es solo estética, es historia, es cultura y, sobre todo, es técnica.

Las redes sociales han democratizado el acceso a la pastelería, eso es cierto. Hoy cualquiera puede aprender una receta en YouTube o ver técnicas en TikTok. Pero también han hecho que el enfoque esté más en el “wow” visual que en el fondo del producto. Se viralizan postres con efectos visuales exagerados: pasteles que gotean colores imposibles, glaseados espejo que parecen sacados de una pintura digital, decoraciones de fondant que lucen más como esculturas que como comida. Todo esto impresiona, pero en muchos casos esconde técnicas simplificadas o atajos con ingredientes de baja calidad. La gente ve un video de 30 segundos donde un pastel luce espectacular, pero no muestra la cantidad de conservadores, estabilizantes y saborizantes artificiales que tuvo que llevar para verse así. Muchos pasteleros jóvenes crecen creyendo que ese es el estándar, cuando en realidad, la verdadera pastelería es mucho más que eso.

Antes, un pastelero tenía que pasar años perfeccionando su técnica. Aprender de maestros, cometer errores, entender la importancia de cada ingrediente. Hoy, muchos entran a la pastelería solo por la estética, sin interés real en la historia o en el arte detrás de cada postre. Y no es nada más culpa de los jóvenes, es un problema de acceso y de educación. Cada vez es más difícil encontrar buenos ingredientes. La mantequilla sube de precio, el chocolate real es un lujo, la vainilla natural casi nadie la usa porque cuesta demasiado. En su lugar, usamos margarina, sucedáneos de chocolate y esencias artificiales. ¿La consecuencia? Pasteles sin alma, sin historia, sin identidad. Nos acostumbramos a lo fácil, a lo rápido, a lo barato. Y con ello, la verdadera pastelería se va perdiendo.

Pero aquí viene la parte importante: nosotros tenemos el poder de cambiar esto. No tenemos porqué seguir tendencias sin sentido. No tenemos porqué hacer pasteles únicamente para redes sociales si no representan nuestra esencia como pasteleros. Podemos recuperar el respeto por la técnica, por los ingredientes de calidad, por la verdadera tradición de la pastelería. No se trata de rechazar lo nuevo, sino de usarlo con inteligencia. De innovar con base en el conocimiento y no exclusivamente en la apariencia.

Si queremos ser la próxima generación de pasteleros que marquen la pauta en el mundo, no podemos conformarnos con seguir modas pasajeras. Debemos ser los que creen la nueva pastelería, una que respete el pasado pero que mire al futuro con una identidad propia. La pregunta es: ¿queremos seguir haciendo pasteles solo para likes, o queremos dejar un legado en la historia de la pastelería?

Chef Elias Ruiz

Docente ESDEIC 

    • junio 29, 2025
    ¿Soy un número?
        junio 29, 2025 ¿Soy un número? ¿Cuántas veces te has preguntado eso?  ¿Cuántas veces le has